A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Se trata de echarse a las aguas del Brahmaputra, de bajar a lo largo de un palo hasta el fondo del rÃo y de resistir lo más posible. El primero que salga, no tendrá razón.
—¡Ah! —exclamó Yáñez.
Contempló al viejo de pies a cabeza y le dijo frÃamente:
—¿Para cuándo la prueba?
—Para mañana por la mañana, sahib, si te va bien.
—De acuerdo, yo demostraré al rajá que mientes.
—Entonces le haré dar cincuenta garrotazos —dijo el prÃncipe dando a entender con un gesto que la audiencia habÃa terminado.
Yáñez se inclinó ligeramente y fue el primero en salir, no sin haber lanzado a sus acusadores una mirada de profundo desprecio y de haber escupido sobre los zapatos rojos que calzaba el oficial.
—Me tienden otra emboscada —murmuró, subiendo las escaleras que conducÃan a su departamento—. Pero también esta vez os equivocáis, bribones: me quedaré aquà mal que os pese. No sabes que, aun siendo europeo, ahora soy medio malayo, la raza más antigua del mundo.