A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —¿Cuándo?
El rajá reflexionó un momento y dijo:
—Para disimular mejor las cosas, esta noche daremos una fiesta en la sala de los elefantes, y cuando la alegrÃa haya llegado al máximo, pediré explicaciones a mi gran cazador sobre sus relaciones con la misteriosa princesa. Tú tendrás preparados cincuenta sikhs, porque el inglés va siempre armado y no da un paso si no lleva detrás esos feos rostros verdosos.
—¿No te arrepentirás, alteza?
—No; estoy decidido a deshacer esta conjura. Maté a mi hermano para conseguir la corona; no la cederé a unos extranjeros mientras me quede una gota de sangre.
El griego abrió las cortinas y desapareció, mientras el prÃncipe subÃa a su trono, tendiéndose sobre la colcha de seda azul floreada, empapada de whisky…
Mientras el griego preparaba la pérdida de Yáñez, este —que no sospechaba ni remotamente lo que le iba a caer sobre la cabeza, en especial después del espléndido resultado de la prueba y de las promesas del rajá— almorzaba con toda tranquilidad, charlando con el mayordomo y con sus malayos.