A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —¿Qué desea de mÃ, alteza? —preguntó, deteniéndose a dos pasos del prÃncipe—. ¿Hay que organizar otra partida de caza?
—Tal vez, milord —contestó bruscamente el rajá—; pero dudo mucho de que esta vez te haga a ti el encargo.
—¿Por qué, alteza?
—Porque podrÃas ser tú la presa.
Con un esfuerzo prodigioso, Yáñez contuvo un estremecimiento, luego, mirando de frente al prÃncipe, le preguntó con frialdad:
—¿Está de broma alteza, o quiere estropear la fiesta?
—Ni una cosa ni otra.
—Entonces, explÃquese mejor.
El rajá se puso en pie y, avanzando un paso, le preguntó a quemarropa:
—¿Quién es esa princesa india?
Por segunda vez, el portugués tuvo que hacer un violento esfuerzo para mantenerse tranquilo y no traicionarse.
—¿De qué princesa me habla, alteza? —preguntó, mientras palidecÃa a ojos vistas.
—De la que tiene su palacio ante la vieja pagoda de Tabri.