A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —¿Cómo saldremos de esto, capitán? —dijo Burni—. ¿Qué internarán los sikhs?
—Están reunidos en torno al cañón —dijo Yáñez—. Amigos, si no os apartáis, recibiréis en pleno pecho una bala de grueso calibre.
Los malayos se alejaron a toda prisa, refugiándose tras los extremos de la barricada, que estaban fuera de la lÃnea de la puerta. Apenas llegados a sus puestos, el cañón empezó a disparar, con tremendo estruendo.
La bala rebotó en las puertas de bronce, astillando la de la derecha, atravesó la barricada de los divanes, desfondando varios, y fue a hundirse en una pared.
—Tendrán trabajo para hundir las puertas de bronce, capitán —dijo un malayo.
—Pero cederán también estas. El cañón de los sikhs debe de ser excelente.
Otro disparo siguió al primero, y la bala volvió a rebotar, pero hundió otra buena parte de la barricada.
—Nos la destrozan —dijo Burni, sacudiendo tristemente la cabeza.
Los tiros se sucedÃan, haciendo temblar las vidrieras de la sala. Las balas rebotaban por todas partes, llovÃan sobre las puertas de bronce, las cuales cedÃan poco a poco, se hundÃan en las paredes, abriendo enormes agujeros.