A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Demasiado tarde, amigo —contestó Kabung con voz triste—. Él está preso y mis camaradas han sido asesinados. Parece que todo ha sido descubierto y que el perro griego es el vencedor. No pierdas tiempo, ve a advertir enseguida al Tigre de Malasia de cuanto ha ocurrido.
—¿Y tú?
—Yo me quedo aquà a vigilar al griego. Tengo posibilidad de saber lo que ocurre en la corte. Mi presencia en Gauhati puede ser más útil que en cualquier otro sitio.
—¿Necesitas dinero? Acabo de cobrar por cuenta del jefe.
—Dame cien rupias.
—¿Y dónde podré encontrarte?
—En el barrio de Kaddar hay una casita roja, que pertenece al chitmudgar que habÃan puesto a disposición del capitán Yáñez. Iré a vivir allÃ. Ahora parte de inmediato, y avisa al Tigre. Él librará al capitán, con toda seguridad.
Bindar le entregó las cien rupias, y partió a todo correr dirigiéndose hacia el rÃo, donde contaba con alquilar o comprar algún barquito.
Kabung prosiguió su camino para llegar al suburbio en el cual era menos probable que le descubrieran, ya que estaba lejos del palacio real.