A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Antes de volver a Gauhati, quiero ver las montañas donde nació Surama. Necesito más fuerzas a mano; una fuerza terrible para arrojarla contra aquellos dos miserables. A los sikhs ya los tengo de mi lado; cuando quiera, el demjadar se encargará de ponerlos a mi disposición; pero no me bastan para derribar un trono. Si consigo quinientos o seiscientos montañeses, verás cómo tomamos la ciudad por asalto, y cómo todo el Assam gritará: ¡Viva nuestra reina! Ahora hagamos nuestros preparativos.
—¿Y los prisioneros?
—Vendrán con nosotros, de momento.
Dos horas antes de la puesta del sol, tal como habÃa sido convenido, los diez hombres enviados de exploración regresaron a la pagoda. TraÃan noticias poco tranquilizadoras.
En efecto: habÃan desembarcado muchos hombres en el pantano de los cocodrilos, y habÃan acampado en el lÃmite de la jungla.
—Bindar no se ha equivocado —dijo Sandokán—. Se preparan a operar contra nosotros. Pues bien, ocuparán la pagoda vacÃa.
Malayos y dayaks cargaron los fardos, que contenÃan alfombras, cortinas, mantas, municiones y algunos vÃveres, y se pusieron en marcha en doble columna, llevando en medio a los prisioneros y a Surama.