A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio HabÃan ganado otras tres millas y ya se delineaba en la lejanÃa algún árbol, cuando una débil detonación se propagó entre los bambúes de la jungla.
—La detonación viene de oriente, ¿no es cierto, Tremal-Naik? —preguntó Sandokán.
—Sà —contestó el bengalà que escuchaba con atención.
—Eso significa que los indios han llegado al principio de la jungla.
En aquel momento se oyó otro disparo, algo más nÃtido, y no ya hacia oriente sino por occidente.
—Las dos columnas se comunican —prosiguió Sandokán, cuyo rostro volvió a oscurecerse—. La que viene del pantano de los cocodrilos está mucho más cerca que la otra.
—Pero les llevamos una ventaja de tres o cuatro millas por lo menos —observó Kammamuri.
—Que perderemos si consiguen encontrar nuestras huellas —replicó Sandokán—. Mientras nosotros tenemos que abrirnos paso, ellos seguirán el camino que dejamos a nuestras espaldas. ¡Apresurémonos!