A la conquista de un imperio

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Reforzaron la vanguardia con otros cuatro hombres: dos de ellos, armados de bastones, flanqueaban el grupo lanzando furiosos bastonazos a diestra y siniestra, para hacer huir a las serpientes, que prefieren refugiarse en los matorrales más espesos, para sorprender más fácilmente a sus presas. Todas las junglas indias, tanto las del Norte como las del centro o el mediodía, están infestadas de serpientes —que en menos de cuarenta segundos fulminan al hombre más robusto—; de gulabi, llamadas también serpientes rosas; de serpientes de anteojos —las más terribles de su especie—, de cobras manila —de apenas un pie de largo, color azul y muy delgadas, pero peligrosas—, de colosales Rubdira mandali —que alguna vez alcanzan los diez u once metros de longitud— y de pitones —que poseen una fuerza tan prodigiosa que pueden triturar entre sus poderosas espirales a los formidables búfalos e incluso a los feroces tigres.

A medianoche Sandokán concedió un poco de reposo a sus hombres, tanto por consideración a Surama —que debía de estar cansadísima— como por enviar a Kammamuri y a dos dayaks a hacer una rápida exploración a retaguardia de la columna.

La investigación, realizada con extraordinaria rapidez por el maharato, no dio ningún resultado notable. Los guerreros desembarcados en la bahía de los cocodrilos debían de estar muy lejos aún.


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