A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Vales tanto como un tigre de Mompracem —dijo Sandokán—. Continuemos la carrera. Tenemos algunas millas de ventaja y tal vez podamos aumentarla.
—O perderla —dijo en aquel momento Sambigliong.
—¿Por qué? —preguntó Sandokán.
—Los kalam empiezan de nuevo al otro lado de estos matorrales, y nos darán trabajo otra vez.
—¿Están secos?
—Quemados por el sol.
—Estupendo, en caso desesperado tendremos un arma valiosÃsima.
—¿Cómo? —preguntó Tremal-Naik.
En lugar de contestar, Sandokán se mojó la punta del pulgar y lo levantó, como hacen los marineros para saber la dirección del viento.
—La brisa sopla del Norte —dijo—. Cuando amanezca será más fuerte. Mahoma, Brahma, Siva y Visnú juntos nos protegen. ¡Ya podéis perseguirnos, mis queridos sikhs! ¡Adelante, amigos, yo respondo de todo!