A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —No esperaba tan espléndida idea ni de tu fantástica imaginación —le dijo Tremal-Naik que estaba junto a él con Surama—. Sigues siendo el invencible y terrible Tigre de Malasia. Este incendio no se apagará hasta que haya devorado el último bambú de la jungla: y si quieren salvarse, los sikhs tendrán que volver al pantano de cocodrilos.
—¿Has olvidado a los otros? Podemos tenerlos a nuestras espaldas.
—Romperemos sus lÃneas.
—Me preocupa otra cosa: ¿dónde estará el pueblo? Nos hemos apartado mucho de nuestro camino.
—A tres o cuatro millas de aquÃ, hacia el Norte, veo una colina. Desde allà arriba lo veremos; y podremos llegar hasta él.
La columna de Sandokán iba a reunirse con los hombres de vanguardia, enviados a explorar los lÃmites septentrionales del bosque, cuando vieron avanzar a Sambigliong, haciendo grandes gestos como para recomendar el más absoluto silencio.
—¿Qué ocurre ahora? —preguntó el Tigre de Malasia, cuando el viejo pirata estuvo cerca.
—Ocurre, que hemos llegado demasiado tarde al bosque.
—¿Quieres decir que tenemos más enemigos delante?
—SÃ, y no me parecen pocos.