A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —¡Saccaroa! —exclamó Sandokán con ira—. ¿Son pájaros estos indios, para recorrer tales distancias en tan poco tiempo? Han debido de desembarcar muy arriba del rÃo.
—Seguro —dijo Tremal-Naik.
—¿Dónde están?
—Emboscados a cuatrocientos o quinientos pasos de aquà —contestó Sambigliong.
—¿Cuándo han llegado?
—Hace pocos minutos. CorrÃan como gacelas, atraÃdos sin duda por el incendio.
—¿Os han descubierto?
—SÃ, y por eso se han detenido.
—Muy bien; pues les atacaremos y pasaremos a través de sus filas —concluyó Sandokán—. Formemos dos pequeñas columnas de ataque, con Surama y los prisioneros detrás, custodiados por seis hombres. ¿Estáis dispuestos?
—Sólo esperamos la señal —contestó por todos Kammamuri.
—¡Al ataque, tigres de Malasia!
Dayaks y malayos se desparramaron, avanzando por entre la hierba, guiados unos por Tremal-Naik y Kammamuri y los otros por Sandokán y Sambigliong.