A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Diez hombres conmigo; los demás, con Kammamuri, que continúen la marcha. Haced preparar los elefantes en seguida.
Diez malayos se destacaron de la columna y siguieron corriendo a los dos jefes, que ya volvÃan sobre el camino hecho, cargando las carabinas.
A trescientos pasos se encontraron con la retaguardia, mandada por Sambigliong.
—¿Os han atacado? —preguntó Sandokán.
—SÃ; un pequeño grupo de exploradores, que ha escapado a todo correr a nuestra primera descarga.
—¿Tenemos heridos?
—Ninguno.
—¿Y cómo nos han alcanzado tan aprisa esos hombres?
—CorrÃan como gacelas.
—¿Estás seguro de que se han dispersado?
—Les hemos seguido unos trescientos metros.
—Apresuraos; el pueblo está a dos pasos, y tal vez encontremos los elefantes preparados.
Reunió los dos grupitos y partieron de nuevo corriendo, temiendo que el grueso de los assameses estuviera cerca.
Cuando alcanzaron la columna, esta estaba ya rodeando cinco elefantes colosales, montado cada uno de ellos por un cornaca, y provistos de las cajas destinadas a los hombres.