A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio No hacía falta más para estimular a los conductores, que tal vez no ganaban tanto en un año de servicio.
Emitieron un largo y agudo silbido, empuñando al mismo tiempo sus cortos ganchos y en seguida los cinco colosales paquidermos se pusieron en marcha a paso rapidísimo, con el extraño balanceo que da la impresión a quien los monta de encontrarse en un barco sacudido en todas direcciones.
Bindar —que como se ha dicho montaba el mismo elefante que Sandokán— dio orden al cornaca de dirigirse hacia el Sureste, siguiendo la larga y estrecha frontera bengalí, que se interpone como una almohadilla entre el Bután y el Assam, envolviendo este último estado por septentrión y por levante, de forma que lo separa de los montañeses del Himalaya y de los de la vecina Birmania.
Makum, la antigua capital del pequeño principado, regido en otros tiempos por el padre de Surama, última ciudad de la frontera assamesa, debía ser la meta de su carrera.