A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio Apenas dejaron atrás los arrozales, que se extendÃan en torno al pueblo en un trecho considerable, los cinco elefantes se hallaron en medio de las eternas junglas, que siguen la orilla derecha del Brahmaputra en centenares y centenares de millas, llegando casi ininterrumpidamente hasta los primeros escalones de la cadena del Dapha Bum y del Harungi.
La selva que debÃan atravesar no era tan espesa como la de Benar; sin embargo, también esta tenÃa inmensas extensiones de bambúes de extraordinarias dimensiones, óptimas para servir de emboscada a hombres y animales; infinitas llanuras de kalam y matorrales; tampoco faltaban los árboles como taras, pipal, palas y espléndidas palmas, que extendÃan desmesuradamente sus hojas dentadas o franjeadas.
Sandokán —que se esperaba de un momento a otro alguna desagradable sorpresa por parte de los assameses, que podÃan haberse dado cuenta de la nueva dirección seguida por los fugitivos—, recomendó a sus hombres que no dejaran las carabinas y vigilaran con atención la maleza.
Estaba seguro de tener más complicaciones, aunque los elefantes avanzasen con la velocidad de caballos lanzados al galope.