A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio Unos minutos después la pequeña columna reemprendÃa la interminable retirada a través de las junglas, retirada semejante en cierto modo a la famosa realizada a través del Bundelkund por Tantia Topi, el célebre general de los indios insurrectos de 1857, que durante todo un año —junto con la bellÃsima rahni de Jhansie— tuvo en jaque a tres cuerpos del ejército inglés.
Los elefantes seguÃan avanzando con prudencia, tanteando primero el fango para asegurarse de la solidez del subsuelo y aspirando el agua que rezumaba por los agujeros abiertos por sus patazas.
El elefante-guÃa —ya calmado— llevaba siempre alta la cabeza, indicando a sus compañeros con sordos bramidos el camino que debÃan seguir.
El instinto de aquel animal —el mayor de los cinco— era una pura maravilla, porque a la primera ojeada sabÃa escoger el sitio por donde podÃa pasar más fácilmente.
No se veÃa rastro de los assameses; pero Sandokán y Tremal-Naik estaban completamente seguros de que no habrÃan renunciado a la persecución.
La marcha proseguÃa muy lenta, poniendo a dura prueba los músculos de los paquidermos.
