A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio Los grupos de bambúes, unas veces altísimos, otras por el contrario bajos, gruesos y espinosos, se sucedían casi sin interrupción; pero los bancos de fango no parecían terminar. Tal vez aquella jungla había sido en el pasado el fondo de un inmenso pantano.
Cuervos, bozzagros y cigüeñas se alzaban en grandes bandadas al acercarse los elefantes. Otras veces se trataba de pavos reales, considerados sagrados por los indios porque —según sus extrañas leyendas—, representan a la diosa Sarasvati, que protege los nacimientos y los matrimonios; o bien parejas de sâras, más conocidas con el nombre de grulla antígona, las más hermosas de su especie, con plumas sedosas de un precioso color gris perla, y la cabeza pequeña y adornada por plumas rojas. Son también las mayores, ya que alcanzan con frecuencia un metro y medio de altura. Lo mismo que los pavos reales son veneradas por representar el emblema de la fidelidad conyugal, y tal vez no sea un error porque van siempre emparejadas.
También se veían perros salvajes, de pelo corto y rojizo, que escapaban a través de los matorrales, y alguna tcita, graciosa y pequeña pantera de la India, que se domestica con mucha facilidad y es utilizada en la caza de antílopes.