A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio Durante dos horas, los paquidermos siguieron luchando en el terreno pantanoso, haciendo sufrir bruscas sacudidas a las personas que los montaban; luego, habiendo encontrado un trozo de terreno firme, que formaba como una franja de varios centenares de pasos y tres o cuatro metros de ancho, cubierto de unas hierbas palustres, del tamaño de hojas de sable, que gustan mucho a los paquidermos, se detuvieron como de común acuerdo.
—Están cansados —dijo el cornaca del elefante-guÃa, volviéndose hacia Sandokán—. Además aquà han encontrado su pasto.
—Hubiera preferido seguir hasta encontrar terreno duro.
—No debe de estar lejos, señor. Veo una lÃnea oscura en el horizonte. Allà debe de haber bosques de palas, que son árboles que no se desarrollan en terrenos muy acuosos. Además, estos animales se conformarán con unas horas de reposo.
—Aprovecharemos para comer, si tenemos aún vÃveres.
—En seguida nos procuraremos unos buenos asados —dijo Tremal-Naik—. Hay muchas aves, y tenemos buenos fusiles de caza.
—De acuerdo —contestó Sandokán—. Haremos una incursión hacia el Norte, para ver si los assameses nos siguen aún.