A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio Bajaron todos, improvisando un campamento en medio de las Typha elephantina, como llaman los botánicos a las citadas hierbas; pero los víveres no eran suficientes para tantas bocas. Sólo tenían medio saco de bizcocho y media docena de latas de carne en conserva.
Por tanto, se decidió organizar inmediatamente una partida de caza, y aprovechar también para guardar algo de comida, ya que no siempre se encuentran en las junglas aves tan grandes como los pavos reales y los sâras.
Sandokán y Tremal-Naik se armaron de fusiles de cañón doble, de fabricación inglesa, con sus correspondientes cargas, y saltaron resueltamente en medio del terreno pantanoso, seguidos por cuatro malayos, provistos de carabinas y cimitarras, que les daban escolta.
Cruzaron una especie de canal fangoso y encontraron otro trozo de terreno sólido, cubierto de bambúes, que parecía de mayor extensión que el anterior, donde se habían detenido los elefantes.
Entre las gigantescas cañas, de hojas verde cálido, abundaban extraordinariamente las aves. Grullas, pavos reales, ocas, papagayos, revoloteaban en todas direcciones, junto con bandadas de ánades, sin manifestar demasiado miedo ante la presencia de los cazadores.