A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Un gran caudillo y un famoso arquero. Los bisontes, después de olfatear repetidamente a su jefe, y de manifestar su rabia con fuertes mugidos, reemprendieron la marcha, casi paralelos a los paquidermos. Era de desear que aquella zona pantanosa se prolongara indefinidamente, o por lo menos hasta las faldas de las montañas de Sadhja, cosa imposible de esperar. Durante otras dos horas los elefantes siguieron su carrera, obstinadamente seguidos por los bisontes. Después, al encontrar otro espacio de terreno sólido, que formaba como un islote en medio del fango, con una circunferencia de trescientos o cuatrocientos pasos, Sandokán ordenó una segunda parada.