A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Tú, que eres hijo de las junglas, ¿qué propones? —preguntó Sandokán, dirigiéndose a Tremal-Naik—. ¿Tal vez enviar un grupo de hombres a investigar entre las cañas?
—SerÃa un pésimo consejo —contestó el bengal×, que yo no darÃa a nadie. Este terreno se presta demasiado a las emboscadas.
—¿Sospechas que tratan de atraemos a una trampa?
—¿Sabes lo que yo harÃa en tu lugar, amigo Sandokán? Levantar de inmediato el campo y marcharnos, haciendo correr lo más posible a los elefantes.
—Acepto tu proposición, sin discutirla siquiera.
Luego, alzando la voz, ordenó:
—¡Eh, cornacas! Haced levantar a los elefantes y emprended la marcha. Todos los demás, dispuestos a montar. Os concedo cinco minutos para plegar las tiendas.
Malayos y dayaks se lanzaron a través del campamento come una bandada de buitres, desmontando las tiendas y arreglando con una rapidez fulminante alfombras, colchones y mantas, mientras Sandokán, Tremal-Naik y Kammamuri, superando la improvisada empalizada, avanzaban unos centenares de pasos por la jungla con la esperanza de descubrir algo.