A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio Cuatro o cinco balas de carabina saludaron su paso; pero habÃan sido disparadas desde tanta distancia que las balas no produjeron ningún efecto en el grueso cuero que revestÃa a aquellos colosos.
Los cornacas se apresuraron a quitar las mantas que envolvÃan las cabezas de los animales, mientras los hombres de Sandokán tiraban los colchones y cortinas en los que habÃa prendido el fuego.
—No esperaba tener tanta suerte —dijo Sandokán, de buen humor—. Si los elefantes siguieran esta carrera endiablada tres o cuatro horas más, ya no tendrÃamos nada que temer de los assameses. ¿Qué dices tú, Tremal-Naik?
—Digo —contestó el bengal× que desde este momento podremos seguir tranquilamente nuestro viaje hacia Sadhja, sin que vuelvan a molestamos, ¿verdad, Bindar?
—SÃ, sahib —contestó el fiel muchacho—. Dentro de dos dÃas estaremos entre las montañas en que reinaba el padre de la princesa, el valeroso Mahur.
—¡Cuánto me gustará volver a ver mi tierra natal! —exclamó la futura reina del Assam, con un suspiro—. ¡Con tal de que se acuerden aún del jefe de los kotteris…!