A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —¿Acaso no estoy yo aqu� —dijo Bindar—. Mi padre era uno de los más fieles servidores del tuyo y tengo en las montañas muchos parientes. Bastará con que te presente a Khampur.
—¿Quién es?
—El nuevo jefe de los kotteris. Era Ãntimo amigo de tu padre, y estará muy contento de volver a verte y de poner a tu disposición todos sus guerreros. Odia a Sindhia y no se negará a ayudarte.
—¡Esperémoslo! —contestó Surama—. A mà me basta con liberar al sahib blanco a quien tanto amo.
—Le volverás a ver antes de lo que imaginas —dijo Sandokán—. Ocurra lo que ocurra, no abandonaré el Assam sin antes haber arrancado a mi hermano blanco de las garras de aquel borrachÃn de Sindhia y sin haber saldado cuentas con aquel perro griego, causa principal de todas nuestras desgracias. Dentro de quince dÃas, y tal vez antes, todo habrá terminado, y me iré a respirar una bocanada de aire marino, que me hace muchÃsima falta.
—¡Cómo! ¿No te quedarás en mi corte, si es que llego a ser la rahni del Assam?