A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —SÃ, un par de semanas; pero después regresaré a Borneo —dijo Sandokán, repentinamente taciturno—. También por mis venas corre sangre de rajá; en otros tiempos mi padre fue poderoso y dominaba una región tal vez más grande que el Assam. Pensemos ahora en daros un trono a Yáñez y a ti; después me ocuparé de poner una corona sobre mi cabeza. Hace ya veinte años que medito la venganza; veinte años que un miserable extranjero se sienta en el trono de mis antepasados, después de haberse desembarazado de mis padres y mis hermanos. El dÃa en que yo aparezca en las orillas del lago de Kini Ballù será un dÃa de sangre y fuego.
—¡Sandokán! —exclamaron Tremal-Naik y Surama. El terrible pirata se habÃa puesto en pie con los ojos encendidos, el rostro alterado por un furor espantoso, agitando la mano derecha como si blandiese una cimitarra sedienta de sangre y de muerte; pero pasados unos instantes volvió a sentarse, tan tranquilo como antes, diciendo con voz ronca:
—¡Esperemos ese dÃa!
Cargó rabiosamente la pipa, la encendió y se puso a fumar enérgicamente, mirando la jungla que seguÃa ardiendo detrás de los elefantes.
Tremal-Naik le palmeó un hombro.
—Ese dÃa —dijo—, espero que me tengas como compañero.