A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio Durante el primer dÃa de navegación no hubo incidentes. Sólo encontraron unas pocas embarcaciones que remontaban la corriente, llevando cargamentos de arroz para los habitantes de las montañas.
El segundo dÃa transcurrió de la misma forma.
Nadie habÃa hecho caso de aquel número un tanto insólito de navÃos, ya que el Brahmaputra no es muy frecuentado a pesar de ser una de las mayores arterias fluviales de la India septentrional.
Tanto los hombres de Sandokán como los bateleros de Khampur reinaron vigorosamente todo el dÃa y, favorecidos por la corriente que se deslizaba rápidamente y por el viento que soplaba con fuerza de levante, llegaron por la noche ante la embocadura del canal que conducÃa al pantano de los cocodrilos.
—Debemos detenernos en nuestro viejo refugio durante unos dÃas —dijo Sandokán a Tremal-Naik—. Es preciso que nos aseguremos ante todo la ayuda de los sikhs y que tratemos de tener noticias de Yáñez antes de caer sobre Gauhati.
—¿Y si hay alguna embarcación del rajá en el pantano?
—La abordaremos y la echaremos a pique —contestó resueltamente el Tigre de Malasia.
Luego, levantando la voz gritó:
—¡Eh, Kammamuri!, da orden a nuestros hombres de embocar el canal.