A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio Luego, volviéndose hacia Khampur, el jefe de los montañeses, le dijo:
—Ordena a todas las tripulaciones que leven anclas a medianoche, y que los falconetes estén cargados y a punto para ser transportados a la ciudad. Probablemente necesitaremos algo de artillerÃa, para contrarrestar la de los assameses, si tienen tiempo de dispararla.
—Serás obedecido, sahib —contestó el montañés—. Todos mis hombres están impacientes por combatir y por dar una corona a la hija de Mahur.
—Dales las gracias de mi parte —dijo Surama—, y diles que nunca olvidaré que debo mi trono a los valientes montañeses de Sadhja.
—Ven, Tremal-Naik —dijo Sandokán—. Vamos a hacer nuestros planes.
Exactamente a medianoche, la flotilla levaba anclas y, con los poluar a la cabeza, por ser los mayores y mejor armados, abandonaba silenciosamente el pantano de los cocodrilos, descendiendo por el Brahmaputra en dos columnas.