A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —¿Nos abrirán?
—Ya veremos. Sígueme corriendo.
Ambos se lanzaron como si tuvieran alas en los pies. Una voz que llegaba de lo alto del bastión, les obligó a detenerse. Pero ya estaban a muy pocos pasos de la puerta.
—¿Quién vive? —gritó el centinela.
—Correos del rajá —contestó Sandokán en buen hindú—. ¡Abrid en seguida! Graves noticias de la frontera.
—¿De dónde vienes?
—De Sadhja.
—Espera.
Detrás de la puerta de bronce, se oyeron voces que discutían animadamente unos instantes; luego chirriaron los grandes cerrojos.
—Las pistolas en la mano, y dispara en seguida —susurró Sandokán a Tremal-Naik.
—Preparado —contestó el bengalí, poniéndose la cimitarra entre los dientes y levantando sus armas de fuego.
Un momento más tarde se abría la maciza puerta de bronce y comparecían tres soldados assameses provistos de linternas.
Inmediatamente resonaron ocho disparos de pistola, con una rapidez fulminante, que acribillaron a les desgraciados.