A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio Entre unas y otras se habÃan amontonado los cipayos y los guerreros assameses, con un cierto número de bocas de fuego.
—Aquà tenemos el hueso más duro de roer —dijo Sandokán, deteniéndose—. Los cipayos han sido más rápidos que nosotros y han tenido tiempo de atrincherarse.
—Jefe —dijo Khampur, acercándose al pirata—. Si los sikhs no se mueven, corremos el peligro de que nos aplasten.
—Los sikhs entrarán en acción en el momento oportuno. Ahora, deben de estar ocupados apoderándose del rajá y de su favorito. Cuando lleguemos al palacio real, ya no tendremos nada que hacer allá dentro. Haz colocar toda la artillerÃa a lo largo de las aceras y envÃa doscientos hombres a ocupar las casas que están junto a la primera barricada. Desde las galerÃas y las terrazas podrán hacer buenos disparos de carabina. Si es posible, haz instalar también arriba algunos falconetes.
—SÃ, jefe.
—Dame ahora cuatrocientos hombres para formar una buena columna de ataque.
Aquella rápida conversación habÃa tenido lugar entre los disparos de ambas partes. Los assameses, creyéndose seguros detrás de las barricadas, aún no habÃan utilizado sus cañones, que debÃan de estar cargados de metralla.