A la conquista de un imperio

A la conquista de un imperio

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El trozo de calle que corría entre las dos trincheras estaba cubierto de muertos y heridos, señal evidente de que los indios se habían defendido valientemente antes de ceder al tremendo choque con los montañeses y los viejos tigres de Mompracem.

El segundo ataque fue menos difícil que el primero. Los soldados del rajá, desalentados, resistieron sólo unos pocos minutos, luego se refugiaron en la inmensa plaza en la que se alzaba el palacio real, que era donde habían situado sus mejores piezas de artillería.

Pero los montañeses les seguían tan de cerca que no les permitieron levantar otra trinchera ni hacer demasiadas descargas.

El choque entre las dos falanges fue extraordinariamente sangriento a pesar de todo. Assameses y atacantes rivalizaban en valor y obstinación.

Todos habían arrojado las carabinas, inútiles en un combate cuerpo a cuerpo al carecer de bayonetas, y luchaban con las pistolas y las armas blancas, con una rabia creciente y gran número de bajas por ambas partes.

La resistencia que oponía la guarnición —engrosada por tropas de refresco que llegaban constantemente desde los barrios más apartados de la ciudad— se había hecho tan tenaz, que Sandokán, Tremal-Naik y Khampur dudaron por un instante del éxito de su empresa.


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