A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Son súbditos del padre de tu prometida. Pero deja las explicaciones para más adelante.
En aquel momento llegó Khampur.
—Jefe —dijo dirigiéndose a Sandokán—, ¿qué debo hacer? Todos los soldados del rajá escapan o se rinden.
—Ante todo, envÃa una buena escolta al poluar, para que traiga aquà a Surama lo antes posible. Luego, enviarás a tus hombres a ocupar todos los cuarteles de la ciudad y todos los fortines de los bastiones. Ya no encontrarán resistencia.
—Muy bien, jefe.
Y marchó corriendo, mientras sus montañeses desarmaban a los prisioneros y disparaban los últimos cartuchos contra las casas para que la población no saliera a la calle.
—Ahora, veamos al rajá —dijo Sandokán—. GuÃanos, mi bravo demjadar. Tú has mantenido tu promesa y la rahni del Assam cumplirá lo pactado.
El jefe de los sikhs se dirigió al palacio real, seguido por Sandokán, Tremal-Naik y una pequeña escolta.
Los sikhs guardaban las puertas, ante las cuales habÃan colocado piezas pequeñas de artillerÃa.