A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Tendámoslo en el diván —le dijo Yáñez—. ¡Por Júpiter!, ¿qué droga infernal has puesto en esa salsa? Me aseguras que no morirá, ¿verdad?
—No tema, señor Yáñez —contestó el maharato—. Sólo he puesto una hoja de serbar, una planta que crece en mi paÃs. Mañana, este hombre estará perfectamente.
—Tú le vigilarás y pondrás en la puerta a uno de los nuestros. Si huye, estamos todos perdidos.
—¿Y nosotros qué haremos? —preguntó Sandokán.
—Esperaremos a esta noche para adueñarnos de la famosa piedra de salagram y del no menos famoso cabello de Visnú.
—Pero ¿por qué te interesa tanto conseguir esa caracola?
—Lo sabrás más tarde, hermanito. ConfÃa en mÃ.