A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —¡Oh! Espera un poco —añadió Tremal-Naik—. Llega entonces un sacerdote brahmán acompañado por su primogénito para proceder a la ceremonia llamada sarva prayasibrit.
—¿Qué quiere decir?
—La purificación de los pecados.
—¡Vaya! CreÃa que los brahmanes no pecaban nunca.
—¿En qué consiste? —preguntó Sandokán, que parecÃa vivamente interesado en aquellos extraños detalles.
—En verter en la boca del moribundo un licor especial de los brahmanes, que se pretende sagrado, mientras a los secuaces de Visnú se les administra un poco de agua en la que se haya metido una piedra cualquiera de salagram.
—Para ahogarles más pronto, ¿verdad? —dijo Yáñez—. En realidad no es ninguna diversión asistir a la agonÃa de un moribundo. Es mejor enviarlos pronto al otro mundo.
—Pero —contestó Tremal-Naik— no se les deja morir en paz…, es decir, no del todo, porque el moribundo debe agarrarse a la cola de una vaca y dejarse arrastrar por ella un cierto trecho para estar bien seguro de encontrar otra igual, que le ayude a pasar el rÃo de fuego que da vueltas en torno al Yama-lacca, donde habita el dios del infierno.