A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Asà terminan más aprisa —dijo el incorregible Yáñez.
Recogieron las armas y bajaron en silencio a tierra internándose en un bosque formado casi exclusivamente por palmas tara[11] y por inmensos grupos de bambúes.
Bindar se puso en cabeza del grupo, y a su lado Yáñez, quien —a pesar de lo que habÃa dicho a Sandokán— no tenÃa una completa confianza en aquel indio, al que conocÃa desde hacÃa muy poco, y querÃa vigilarlo personalmente.
La pagoda no distaba mucho, y en unos veinte minutos el grupo podÃa llegar allÃ. Pero todos avanzaban con extremada prudencia para no ser descubiertos. Era muy improbable que a aquella hora tan avanzada paseara nadie por el, bosque, pero a pesar de ello estaban en guardia.
Atravesada la zona de las palmas y los bambúes, se encontraron de improviso ante un vasto claro, interrumpido sólo por grupos de plantas pequeñas.
En el centro se alzaba la pagoda de Karia.