A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio Como ya hemos dicho, aquel templo —veneradÃsimo por todos los assameses porque encerraba la famosa piedra de salagram con el cabello de Visnú— se componÃa de una enorme pirámide truncada; con las paredes adornadas de esculturas que se sucedÃan sin interrupción desde la base a la cima y representaban, en dimensiones más o menos grandiosas, las veintiuna encamaciones del dios indio.
HabÃa también peces colosales, tortugas, jabalÃes, leones, gigantes, enanos, caballos, etc.
Ante la puerta de entrada se levantaba una torre piramidal más pequeña: la cobron, coronada por una cúpula y con los muros adornados también con figuras, poco pulidas en su mayor parte, que representaban la vida, las victorias y las desgracias de las diversas divinidades.
A una altura de veinte pies se abrÃa la ventana, ante cuyo alféizar ardÃa una lámpara.
—Debemos entrar por ahÃ, sahib —dijo Bindar, volviéndose hacia Yáñez, quien habÃa fruncido la frente al ver aquella luz.
—TemÃa que vigilase alguien en la pagoda —contestó el portugués.
—No temas nada: es costumbre poner una lámpara en la primera ventana del cobron. Si fuese un dÃa festivo, habrÃa cuatro en lugar de una.