A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —¿Dónde encontraremos la piedra de salagram? ¿En la pagoda o en esta especie de torre?
—En la pagoda con toda seguridad.
Yáñez se dirigió a sus hombres, diciendo:
—¿Quién sabrá llegar hasta esa ventana y echarnos una cuerda?
—¿Y si forzáramos la puerta, en lugar de eso? —preguntó Sandokán.
—PerderÃas inútilmente tu tiempo —intervino Tremal-Naik—. Todas las puertas de nuestros templos son de bronce y de un enorme espesor. Además a tus hombres no les costará mucho llegar hasta ahÃ. Son como los monos de su paÃs.
—Tienes razón —asintió Yáñez.
Señaló a dos de los más jóvenes del grupo y les dijo, simplemente:
—¡Arriba, hasta la ventana!
Aún no habÃa terminado, cuando aquellos diablos —un malayo y un dayak—, subÃan, cogiéndose a las divinidades, a los gigantes, a los trimurtis hindúes que representaban el sucio lingam que reúne a Brahma, Siva y Visnú.