A la conquista de un imperio

A la conquista de un imperio

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El Tigre de Malasia desenvainó la cimitarra que le colgaba del costado y que brilló como si fuera de plata —por estar hecha del incomparable acero natural que no se encuentra más que en las minas de Borneo—, luego dijo con voz resuelta:

—¡Adelante! ¡Os guía el antiguo pirata de Mompracem!

Recorrido el corredor y tras descender otra escalera, entraron en una inmensa sala en cuyo centro se alzaba, sobre una enorme mesa de piedra, una estatua en forma de pez colosal.

Aquella era la primera encamación del dios conservador, transformado de tal guisa para salvar del diluvio al rey Sattiaviradem y a su mujer, sirviendo de aquella forma de timón del barco que les había enviado para librarles del diluvio universal[12].

Y narran las leyendas indias que, después de este hecho, Visnú, enojado con los gigantes Canagascien y Aycriben porque habían robado los cuatro Vedas para que el nuevo pueblo fundado por Sattiaviradem no tuviese religión, les mató para restituirlos a Brahma.

El grupo se detuvo, temiendo que hubiese algún sacerdote en la amplia sala; luego, tranquilizados todos por el profundo silencio que reinaba allí dentro, se dirigieron resueltamente hacia el gigantesco pez.

—Si el ministro no nos ha engañado, la anilla debe de estar ahí delante —dijo Yáñez.


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