A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio Tremal-Naik disparó de nuevo la pistola, apenas a diez pasos de distancia y erró los dos tiros.
Pero los relámpagos de los disparos asustaron a las fieras, haciéndolas retroceder rápidamente hasta el extremo del corredor, antes de que Yáñez tuviera tiempo de hacer fuego.
Aquel momento de pausa habÃa bastado a Sandokán para recargar sus armas.
—Yáñez —dijo el pirata—, los tigres tardarán en atacar, después de tan desagradable recibimiento. Aprovecha en seguida.
—¿Para qué?
—Para bajar al pozo y tirarte al Brahmaputra. Debes salvar la piedra de salagram, y ese cofre te molestará bastante para nadar bajo el agua.
—¿Y vosotros?
—No te preocupes de nosotros. Déjanos tus pistolas que no te servirán para nada en el agua: tú ya tendrás bastante con el kris. Pero antes quÃtate las botas, por lo menos.
—No quiero abandonaros ahora.
—¿Por qué?
—Sois dos contra dos.
—Pero estamos bien armados, tenernos siete disparos y mucho valor. ¡Rápido! Pon el cofre a salvo, si tan necesario te es para conquistar la corona.
—¡Imprescindible!