A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Estoy dispuesto a recibirles —dijo el intrépido bengal×. En la jungla negra he matado buen número de ellos, asà que somos antiguos conocidos. Las dos fieras habÃan salido de la galerÃa, aullando feroces. Eran dos espléndidos animales, completamente desarrollados, con un cuello de toro.
Viendo a los dos hombres de pie, apuntándoles con las armas, delante de la antorcha que lanzaba, crepitando, sangrientos reflejos, se detuvieron, encogiéndose, como si se prepararan para el salto final.
—¡Fuego! —gritó Sandokán.
El bengalà descargó su carabina, y uno de los tigres, herido en la cara, se encabritó como un caballo que recibe un aguijonazo, luego cayó.
—¡Salta al agua! —gritó Sandokán.
El bengalà se precipitó escaleras abajo, creyéndose seguido por el pirata; pero este habÃa permanecido inmóvil ante el último tigre que trataba de acercarse, arrastrándose lentamente.
—Jamás volverás a proteger el tesoro del rajá —dijo—. El Tigre de Malasia te espera.
La fiera respondió con una especie de ronco maullido, fijando sus ojos fosforescentes en el hombre que osaba presentarle batalla.
—Te espero —repitió Sandokán, que empuñaba su pistola y la de Yáñez—. ¡Deprisa! Quiero reunirme con mis compañeros.