A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio El tigre abrió la boca, mostrando sus agudos dientes, duros como el acero, y de su garganta salió una nota terrible que terminó en un verdadero rugido, casi igual al que lanzan los leones africanos; luego saltó.
Sandokán, que esperaba el ataque, se tiró a un lado con presteza; después disparó sus cuatro cartuchos con estudiada lentitud, hundiendo las cuatro balas en el cuerpo de la fiera.
—El Tigre de Malasia venció un día al Tigre de la India hombre —dijo, mientras aparecía en sus labios una sonrisa de triunfo—; ahora ha matado también al tigre de la India animal.
Volvió a meterse las pistolas en el cinto y, mientras la fiera exhalaba el último suspiro, bajó la escalinata y se tiró, sin la menor vacilación, en las tenebrosas aguas del Brahmaputra.