A la conquista de un imperio

A la conquista de un imperio

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En realidad no se trataba de una verdadera ballena —aunque se haya dado a esos peces este nombre injustificada— sino un escualo de agua dulce, exactamente un Silurus glanis[13].

Ballena, escualo o siluro el adversario era terrible, porque ese tipo de pez, que se encuentra solamente en los grandes ríos, es de una voracidad increíble, y no vacila en atacar a un hombre para devorarlo.

Son unos feos monstruos que miden de dos a tres metros, con el cuerpo muy alargado —lo que los hace algo semejantes a las anguilas—, una anchísima boca, muy bien armada, como ya hemos dicho, y provista a ambos lados de seis pelos larguísimos, que parece están destinados a atraer a los peces. Fuertes y audaces, constituyen un verdadero peligro incluso para los seres humanos. Que se bañe un muchacho, y el siluro abandonará de inmediato el cieno en el que habitualmente reposa, para atacarlo y devorarlo, algunas veces entero. Ni siquiera deja en paz a los animales. Si sobreviene una inundación, ya está el escualo de agua dulce acechando a las bestias que han buscado refugio en las plantas, y haciéndolas caer a coletazos en su terrible boca.

Yáñez, que había conocido a aquellos peligrosos habitantes de los ríos, en los grandes cursos de Borneo, se puso en guardia de inmediato para no perder un brazo o recibir algún tremendo coletazo.


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