Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa —¡Pobre muchacho! —gimió el anciano—. ¡No se esperaba este golpe! ¿Por encargo de quién habrán trabajado esos bribones? ¡No pueden haberlo hecho por cuenta propia!
—De seguro que no; los «águilas» no se llevaron a Talmá para guardársela ellos. Algún khan o emir ha de haber contratado sus servicios.
—Es lo que también yo sospecho. Pero por mucho que corran habremos de llegar a ellos antes de que salgan de la estepa… ¿Miraste bien a los raptores?
—No me fue posible. Rodé por tierra tan sorpresivamente, que cuando pude levantarme se hallaban muy lejos.
—Pues yo reconocà entre ellos a varios de los músicos que acompañaban al mestvire.
—¡Imposible!… ¡Entonces ese perro es uno de sus aliados, un espÃa! —exclamó el coloso apretando los dientes—. ¡Ay de él si lo encuentro! ¡Lo voy a aplastar de un solo puñetazo…!
—Debe de haber sido por eso que no quiso pernoctar en la tienda.
—Cuando nos preparábamos a seguir la fuga de Talmá, lo vi que se encaminaba a la aldea de los sartos… ¡Qué pida a Allah lo libre de caer en mis manos…!
—En tanto yo le pediré que me deje capturarlo —replicó Giah Agha—. ¡Le reservo un suplicio que le hará maldecir el dÃa en que ha venido al mundo!…