Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa —Si el mestvire dijo la verdad, el inspirador del rapto se encontrarÃa en Samarkanda… ¿Quién podrá ser?
Giah Agha se habÃa quedado taciturno; parecÃa que sus admirables energÃas lo hubiesen abandonado de pronto. El servidor, al no recibir respuesta, se volvió hacia Abei que se habÃa tendido sobre un tapete y miraba distraÃdamente la llama de la vela.
—¿Qué dices tú de todo esto, señor? —le preguntó.
—Que habrÃa que ir a Samarkanda —contestó con una sutil sonrisa— aunque el momento no serÃa muy favorable, porque la ciudad está ocupada por los rusos.
—¿Quién te lo dijo?
—Un turcomano presente en la boda. Se dice que el gobernador moscovita del Turquestán prepara una expedición para castigar a la tribu de los bechs que se rebelaron contra el emir de Bukara.
Un galope furioso que se propagó rápidamente por las callejuelas del pueblo, hizo sobresaltar al beg y al gigante.
—¡Ya están aquÃ! —exclamaron los dos a un tiempo.
Abei se puso del color de la cera y preso de viva ansiedad. Para no traicionarse se puso también de pie y se tiró hacia adelante las dos anchas cintas que colgaban de su turbante.