Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa —¡Mintió! —rugió Hossein—. Es a Katib que conducen a Talmá. Me lo confesó uno de los miserables que conseguà voltear de un tiro y a quien luego finiquité con el cangiar.
—¿Quién habrá dicho la verdad? —se preguntó Tabriz.
—Yo creo que el mestvire —sostuvo Abei.
—No, el bandido —replicó Hossein—. Estaba tan espantado que no pudo mentir. Es en Katib donde encontraremos a mi amada, me lo dice el corazón.
—Tabriz, ¿tú conoces la ciudad, verdad? —inquirió el anciano después de un rato de silencio.
—SÃ, patrón; mi madre era una shagrissiab, pariente del beg Djura, y tengo amigos allÃ.
—¿Cuánto tiempo necesitas para reclutar una partida de cincuenta hombres? Entre los concurrentes a la fiesta, que pertenecen en su mayor parte a tribus belicosas, podrÃas encontrar sin dificultad elementos decididos. Mi bolsa está abierta: gasta generosamente.
—Dentro de un hora los habré reunido, patrón. He visto a muchos quirguisos y shagrissiabs, gente que se juega la piel por pocos thomanes.