Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa Atravesaron la parte meridional de la ciudad e hicieron alto en una amplia plaza ocupada por tiendas y bancos completamente vacÃos, pues los vendedores habÃan huido llevándose las mercaderÃas. El coloso, después de haber dado un vistazo en derredor, enderezó hacia una construcción que se levantaba en un ángulo y tenÃa varias puertas de entrada.
—Ocupemos ante todo el caravanserrallo y esperemos a que se restablezca un poco la calma antes de ir a visitar al bey —dÃjole a Hossein—. Los moscovitas no acometerán antes de haber abierto brechas en las murallas. No ignoran que la ciudad está bien defendida, de manera que por el momento no tenemos por qué apresurarnos.
—Primo —propuso Abei—. ¿No te disgustas si me encargo de ir a ver al beg de Schaar que es aliado de Djura? No podrá negarme su apoyo, porque tiene una deuda de gratitud con mi padre.
—Una vez me contaste algo de él. Si mal no recuerdo le salvó la vida. ¿Se acordará de ello? —Yo se lo recordaré si lo ha olvidado.
—¿Estará en la ciudad?
—Su caballerÃa se retiró tras los muros y es de suponer que él ha entrado con ella. Yo sabré descubrirlo: estará en la ciudadela o en el palacio de Djura. Si tardo en volver, no te inquietes, primo.