Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa Mientras Abei galopaba con la pequeña escolta hacia la cadena de montañas de Kasret-Sultán-Geb, la ciudad de Kitab iba siendo poco a poco dominada por los rusos. Los defensores se habían apiñado sobre muros y terrazas y hacían un fuego violento de arcabuces apoyados por algunos falconetes de la ciudadela, pues los cañones yacían en su mayor parte destrozados. Los atacantes bajo una tormenta de balas habían colocado sus escaleras y, superado el primer cinturón de las fortificaciones, marchaban a la conquista del segundo mientras los shagrissiabs se daban a la fuga a través de huertos y jardines gritando:
—¡El enemigo!… ¡El enemigo!… ¡Sálvese quién pueda!…