Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa —¡Eso es! ¿Piensas que Abei nos hubiera prometido quinientos thomanes tan sólo por hacerle saber si los dos hombres habÃan muerto? ¡Eres un cretino! Si no querÃas tomarte más molestias debÃan haber seguido a Hadgi y contentarte con las diez o doce monedas que recibieron los otros dos que estaban con nosotros. Pero yo sé conducir mis propios negocios.
—¡Tienes razón, soy un imbécil! Puedes repetÃrmelo que no me ofendo. No poseo como tú el cerebro de un futuro jefe de los «águilas de la estepa».
—Ese es mi sueño y lo realizaré aunque tenga que renegar de Mahoma.
—¿Qué haremos ahora?
—Seguiremos a Hossein y su servidor y en caso de que él emir no los suprima, nosotros repararemos el error.
—¡Se te hace fácil a ti! ¡Ponerse frente a ese demonio de Tabriz!…
—Me animan los thomanes del señorito… ¡Con un golpe a traición terminaremos con él!
—¿Y no inspiraremos sospechas a la gente del emir?