Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa —¡Ojalá se produjera para terminar de una vez! —murmuró Hossein con voz sorda.
—No debes descorazonarte, señor; debes vivir para la venganza.
—Ya no espero nada… Además, no saldremos vivos de la mano del emir.
—Yo creo lo contrario.
—¿Quién nos defenderá de la formidable acusación que pesa sobre nosotros? Mi tÃo nos creerá muertos y no podrá intervenir para ayudarnos.
—Desgraciadamente eso es verdad —reconoció el servidor—. Tu despreciable primo le habrá hecho creer que nos mataron los moscovitas.
—¡Necesitaba mi vida para apoderarse de Talmá…! ¡Mi Talmá…! ¡También ella creerá que ya no existo!… ¡Infame!… Tienes razón, Tabriz, necesito vivir para vengarme. ¡Ay de él si llego a volver a la estepa! ¡El castigo será atroz!
—Asà me gusta verte, señor.
—¡Con tal que el emir crea en nuestra inocencia!
—¡Eh… señor! ¡A lo mejor ni tendrá el placer de conocernos…! ¡TodavÃa no estamos en Bukara, tenemos una semana por delante, y en una semana pueden suceder muchas cosas! Las cadenas pueden quebrarse y los prisioneros verse libres, caer de improviso sobre la escolta y aniquilarla…