Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa —A menos que esperen la noche —apuntó el amansamonos.
—¿Y nos tendrán aquà quemándonos al sol y sin tener nada que llevamos a la boca?
—Ya te resarcirás después con un muslo de león —lo consoló su señor.
—Pésimo bocado, señor; valÃa más el guepardo.
—Parece que las bestias están de consulta —dijo el sobrino del beg que no las perdÃa de vista. Vuelto a Karawal inquirió—. ¿Están cargadas tus pistolas?
—SÃ, señor, pero dudo que la pólvora prenda: todavÃa debe estar mojada.
—Yo no tengo más que una carga. ¿Y tú, Tabriz?
—Dos, patrón; algo es algo. Empero tenemos los cangiares, que también valen… ¡Ah, parece que los señores leones están explorando! ¡No los creÃa tan prudentes!
—Procuran ganarse la comida sin exponer la piel —comentó el bandido.