Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa —¡Atento, señor! —gritó el gigante.
La fiera habÃa arremetido contra el joven que se hallaba eh un plano más bajo, pero este le hizo fuego con una calma admirable, deteniéndolo eh su impulso y haciéndolo rodar casi a los pies de Tabriz.
—¡Ahora me toca a mi! —aulló el servidor propinándole un formidable golpe de cangiar eh la cabeza.
La leona eh tanto, al oÃr el rugido del compañero también se habÃa incorporado, pero tuvo un instante de hesitación que aprovechó el coloso para descargarle las dos pistolas. Profirió un bramido lamentoso y a largos saltos se perdió entre las dunas.
—¡Eh, «loutÃs»! —gritó Tabriz—. ¿Has visto cómo los hombres de la estepa turquestana saben matar a vuestros leones?
—Tiran ustedes mejor que los cosacos del Don —se limitó a expresar el bandido.
—Ahora podemos continuar nuestro viaje —consideró Hossein—. Hemos perdido demasiado tiempo y llegaremos a hora tarda al oasis de Kara Kum.