Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa Pero no solamente en las cercanÃas de esos mares existen yacimientos de ese combustible: todo el Turquestán septentrional es uno de ellos, enorme, inacabable donde se le encuentra bajo los cauces de los rÃos y lo trasudan las rocas. A veces, por un sacudimiento sÃsmico u otras causas ignoradas, se desprenden de hendeduras y grietas columnas de gas que forman en la superficie del agua millones de burbujas. BastarÃa un fósforo encendido para provocar llamitas parecidas a las que producen los picos del alumbrado y ofrecer un espectáculo fantástico y poco peligroso para los navegantes. Pero si con el fluido se ha deslizado el aceite, ¡ay de ellos!, porque se verÃan los barcos envueltos en un mar de fuego del que difÃcilmente lograrÃan salir.
Al grito de angustia lanzado por los tripulantes de la primera chalupa siguieron los de las otras: el petróleo ardÃa y amenazaba de muerte espantosa a los pescadores; los somorgujos, asustados, habÃan levantado el vuelo hacia las islas. Tabriz y Hossein, lo mismo que Karawal, voceaban como los otros:
—¡A los remos! ¡A los remos!
Un momento de retardo hubiese significado el fin para todos. Asà lo comprendió el jefe de la flotilla, quien ordenó:
—¡A las islas…! ¡Coraje!…