Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa —¿No has notado, padre, que desde hace algún tiempo mi primo ha cambiado de humor?
—Es verdad —confirmó el beg después de un momento de reflexión—. Me he dado cuenta de que se ha vuelto excesivamente frÃo y muy avaro de palabras. Es que sin duda ha de pensar con demasiada intensidad en su bella prima, pero deberá tener paciencia y cumplir antes los veinte años para que le entregue a la muchacha que ama. Y entonces, tú en las orillas del Aral, él en las costas del Caspio y yo en la estepa, uniremos los dos mares y la planicie con nuestros corazones.
El sobrino lo dejó hablar y cuando hubo terminado le replicó:
—¡La muchacha que ama! ¡Te engañas, padre! ¡No la ama, la detesta!… ¿Y sabes por qué?
El barbiblanco hizo un gesto de estupor. Hossein prosiguió:
—Porque le dijeron que la hija del Rahn de los Tadyicki sólo hubiera aceptado la mano de un hombre… —Se interrumpió indeciso.
—Continúa —lo alentó el anciano.
—… que se llama el beg Hossein.
—¡Tú!
—Eso se dice.
—¡Pero yo la he destinado a tu primo! —gritó Giah Agha con la frente contraÃda.